Se apagaron las luces cuando comenzó a sonar aquel violín al ritmo de mi sístole y diástole.
De la oscuridad salió un hombre escondido bajo una larga y oscura melena rizada, tocando el divino instrumento de cuerda. Sólo intuir su imagen, el público estalló en un estruendoso aplauso.
Esto sólo fue el principio de la emocionante y erótica experiencia que fue ver a Ara Malikian en Colores.
