Cualquiera que haya leído en alguna ocasión un blog de moda u ojeado una revista de la mista temática, habrá comprobado la tendencia a copiar el estilo de algunas famosas y crear una versión, más que cuestionable, con prendas de tiendas de uniformes (Zara, Mango, H&M, etc...). Gracias a esta tendencia podemos disfrutar en nuestras calles de cientos de Kate Moss (anoréxica pero fotogénica) de metro cincuenta y sobrepeso ataviadas con leggins y bailarinas o gozar del colorido de muñecas plenas de hilos colgantes, “los decenarios de Sara Carbonero” como los conocen entre ellas, sin que nadie repare en que cada una de estas famosas no decide ni el color de su pelo y hasta el último detalle que cubre sus cuerpos es decidido por expertos estilistas que analizan desde su fisonomía hasta sus gestos.